miércoles, 12 de agosto de 2015

Datos gubernamentales y la cuestión de Uber

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Datos Gubernamentales y la Cuestión de Uber

Al calor del debate en la Ciudad de Nueva York sobre limitar el número de conductores para compañías de transportación como Uber, se omitió claramente un punto clave: Uber y compañías similares que han nacido tras el reciente boom tecnológico— Airbnb, Lyft y otras— no sólo están cambiando los servicios de industrias obsoletas como los taxis, sino también los servicios gubernamentales.

Cuando el costo de un viaje en servicio de taxi particular se asemeja al de una tarifa de viaje sencillo en autobús en San Francisco y cuando un turista puede reservar un departamento en Chicago a la mitad del precio de un cuarto de hotel que genera impuestos, los gobiernos locales deberían estar alertas. Las compañías de consumo están cambiando las expectativas y redefiniendo el contrato social entre la ciudad y el ciudadano. Ya no es aceptable que los gobiernos ofrezcan “un formato para eso” cuando las compañías del sector privado demuestran que hay “una aplicación para eso”.
¿Qué están haciendo exactamente los gobiernos locales? En el marco de la Conferencia de Alcaldes de EU que se llevó a cabo el mes pasado, más de 300 alcaldes debatieron sobre estos temas y compartieron formas de tener una mejor conexión con los ciudadanos, implementar aplicaciones gubernamentales “pegajosas” y crear “tableros de la alcaldía” con información de la ciudad en tiempo real. Los alcaldes estadounidenses no son los únicos que la están pasando mal. El gobierno de Sydney, en Australia, está usando tecnología para mejorar y establecer nuevos puntos de referencia de servicios, desde disminuir tiempos de espera en centros públicos de horas a seis minutos, hasta reducir el tiempo que lleva tramitar la credencial de la tercera edad en un 3000%.

El común denominador son los datos, y no sólo los datos del sector público. Las oportunidades en la actualidad yacen en combinar datos públicos, privados y no lucrativos para crear un nuevo “triángulo dorado” de información, un triángulo que ayude a los alcaldes a controlar cómo viven, respiran y se mueven sus ciudades. Es esta mezcla de información que tiene el potencial de cambiar dramáticamente la forma en que las ciudades gobiernan, y de cambiar la forma en que se toman las decisiones: ir de lo político a lo basado en datos.

Cuando fui director de tecnología del Distrito de Columbia, abrí un almacén de datos públicos de D.C. para que todos—contadores, legisladores y empresas—pudieran obtener una mejor visión, contribuir para mejorar los servicios y rendir cuentas del distrito. Posteriormente, cuando fui director de información de los Estados Unidos, tuve la oportunidad de expandir el experimento de D.C. con el lanzamiento de la plataforma Data.gov, que dio una visión al trabajo del gobierno federal y brindó al público acceso a datos y servicios de economía, salud, medio ambiente y otros.

Ahora estamos al comienzo de una nueva revolución de datos, una en que los gobiernos, las compañías privadas y las organizaciones no lucrativas tienen la oportunidad de colaborar y realmente hacer que sus ciudades sean mejores lugares para vivir.

Imagine a Uber o a servicios similares compartiendo datos anonimizados con sus gobiernos locales para revelar nuevos corredores de transportación para autobuses y trenes, o agregando dichos datos a información sobre seguridad pública para reducir accidentes de tráfico. Imagine a Airbnb compartiendo datos de arrendatarios anonimizados para permitir que las ciudades se comuniquen con pequeñas empresas sobre las horas laborales óptimas, como días cuando las tasas de ocupación son bajas—un proxy para cuando un área tiene alta ocupación y por lo tanto alta actividad económica.

Los gobiernos que abogan por este “triángulo dorado” no sólo se adelantan a los problemas, sino también se benefician con una mayor transparencia con sus ciudadanos. Las compañías privadas también podrían beneficiarse de un poco más de apertura y conexión con las ciudades donde operan, en especial cuando la mayoría de sus datos son información ciudadana. Es un hecho: la gente quiere participar en la mejora de sus ciudades.

Una reciente encuesta realizada por Salesforce halló que casi la mitad (49 por ciento) de los ciudadanos compartiría ubicación en tiempo real con sus gobiernos locales para estar más seguros. El 54 por ciento compartiría datos sobre sus vehículos particulares para mejorar la transportación.
Por supuesto, como pasa con todas las revoluciones, la amenaza más grande es el estatus quo. Las compañías privadas se niegan a compartir sus datos con los gobiernos, mientras que muchas ciudades crean un espejismo de apertura al liberar series de datos de bajo valor.

Por fortuna, el tema de la tecnología y de la economía compartida está emergiendo como un punto clave en las próximas elecciones presidenciales. Esto es una buena noticia. No es momento de acobardarse. Los gobiernos deberían ampliar la conversación y buscar oportunidades en la marea de la alteración. Si los gobiernos locales no actúan hoy, se arriesgan al rezago.

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